Belén, 9 de octubre de 1989

Será por la humedad primaveral que mis rodillas despertaron hoy especialmente traviesas. Puede que este clima no sea el apropiado cuando la artrosis decide hacer de las suyas, pero es aquí donde, casi con seguridad, pasaré mis últimos años. Ahora bien, que nadie se equivoque, no fueron ellos quienes me echaron, vine porque quise, después de verlos caer. Hoy, en el aniversario de la muerte de un grande, es día para recordar la última que les hice. Me costó un dedo, múltiples fracturas y varios meses de encarcelamiento, pero lo volvería a hacer. Aún recuerdo la cara del tal Pacheco, el comisario de la social, cuando le dije que Belén está en Argentina y que el mesías se llama Che.

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